a veces me despido a la francesa
porque me quedaría todas mis mil y una noches
enganchada a la copa de absenta que no bebo
y a las palabras tuyas
que sí bebo
y que me reafirman en la impresión
de que sigo sin saber a dónde voy
/aunque cada vez lo sepa más/
pero que me da igual
que no me importa
porque puedo seguir apareciéndome en la barra
y escondiéndome detrás del verso
cuando llega la lluvia
y entonces
abres las puertas para que me resguarde
(Para Carlos Salem)
(leído por Violeta Castaño en Bukowski Club el miércoles 2 de abril de 2008 en el homenaje a Inés y Carlos)
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Pretendo confesar esta noche
-con todos mis respetos-
que lo que más me gusta de Bukowski,
es su bar.
Quizá tengan algo que ver dos tipos que habitan dentro,
al modo de los personajes de las fábulas,
en un castillo de cristal caramelo de casco de Mahou.
Son gente uniformada,
pero no de pajarita ni de mandil hostelero:
la una con nombre y minifalda,
el otro con cabrones en los labios y tocado de pañuelo.
Porque juro ante esta audiencia
que una malsonancia nunca se ha escuchado
a lo ancho de las noches de farra
tan cortés y tan amigable.
Larga vida, pues, a este dúo,
trío con Jenniffer,
cuarteto con Charles.
Pero un solo reproche que hacerles:
que cómo pudieron llamar Bukowski a su lobera,
siendo Gil de Biedma un poeta de más nacional empaque,
-y dónde va a parar-
¡muchísimo más sonoro!
(leído por Marta Fernández en Bukowski Club el miércoles 2 de abril de 2008 en el homenaje a Inés y Carlos)
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Frecuento una gloriosa pandilla de tarados
que cada miércoles
cruza la capital de los olvidos
confundiendo a los semáforos
y cambiando el ritmo de los pasos de cebra.
Beben brebajes infames
blasfeman con gracia no exenta de malicia
se alimentan con bocados de su penas
y las leen en voz alta
para hacerle al aire una caricia.
Dicen las malas lenguas
que son poetos y poetas
que su delito es perder el tiempo
antes de que el tiempo los encuentre
y que se reúnen en un bar de mala fama
en el que todo el mundo aplaude
cada vez que alguien va a mear
en el baño de las damas.
Hay un amargo plutón verbenero
que reclama el cetro de la feliz tristeza
y lo defiende a fuerza de talento;
Hay una reina de la nuit
que brilla más todavía
cuando la ves de día;
Hay una rubia que rima hasta las haches
a la que el pelo no le dicta los colores
que va sembrando de solidaridad las calles
aunque le guste posar de Barbie Revolution;
Hay una leoparda de feroces ojos verdes
que se guarda sus mejores poemas
y los practica conmigo
contra viento y marea:
Hay un profesor picaruelo
que seria el guía turístico perfecto
para todas las escandinavas que quisieran
visitar los vericuetos
si existiera
del museo internacional
de los Deseos;
Hay un gigante cromagnon folla sirenas
que acuna con su vozarrón a un pichón de colibrí
que le vuela por dentro;
Hay una pequenyita con cara de inocente
que a veces lleva trenzas
es bastante caradura
y se sabe de memoria el secreto ritmo de los peces;
Hay un asesino en serie de sus propios miedos
que los mata con bourbon y poemas
y se oculta bajo una colección de gorras
de las que usaba mi abuelo;
Hay un junta letras que las junta para siempre
y no presume de ello
aunque podría;
Una delgada chica peonza que lleva todo el viento dentro
viene de otra galaxia y tiene un perro con ruedas
que se llama mientras;
Hay un descendiente de los incas
que incansable persigue las piernas de la gloria poética
que ya se sabe, es una mala señora;
Hay un almirante de barcos
que varados
aún navegan
y que canta la bossa nova
con la suavidad exacta
para deshacer cualquier tormenta;
Hay una chica de gafas
que es la cuarta y quinta reencarnación de una mujer fatal
y de una monja
que en otras vidas
hizo pecar
a por lo menos cuatro santos;
Hay un par de pintureros que nunca te muestran sus trabajos
que atraviesan la noches pintándola por debajo de la falda
con brillantes trazos de color negro esperanza;
Tenemos a un arqueólogo de los tejados de londres
con pinta de cachorro de hombre lobo
y debilidad confesa por el encanto de las vendas;
y un lúgubre poeta rockero y gallego
viejo ladrón de gallinas emboscado
al que se le escapa la ironía de la cárcel redonda
de sus gafas de lennon;
Y al integrante de un trío de gemelos
al que le sobra tiempo para multiplicar la esperanza;
No nos falta una profesora de esas
que alteran los sueños del alumno más sereno
aunque ella viva casi pastoril
en su bosque poblado de gacelos.
Tenemos al penúltimo vampiro afable
que escribe con su propia sangre
lo que la sangre le dicta
después de cada amanecer o desengaño;
También está nuestra querida bruja
que en sus pociones
mezcla las ganas de vivir con benignas maldiciones;
Y el sonriente espadachín de las palabras
que las hace reír con la misma inteligencia
que las hace llorar
y tiene hacia los pollos un rencor
sobre el que es mejor no preguntar;
O el alargado vate correntino y lavapiecero
que busca entre su letras en Madrid
el aire húmedo y fecundo de sus remotos esteros;
O el hacedor de poemas tan breves
que le da pena despedirlos
y se le alargan en el tiempo;
Tenemos una virgen del atril
que nos desvirga una vez por semana
con la rabia nueva de sus descubrimientos;
y una fotógrafa incansable
enamorada de la vida y de la mahou
que sabe que lo importante
siempre ocurre por la noche.
Tenemos un cuco con alma de búho
porque lo mira todo y nunca dice mucho
pero que marca las horas
con versos minuteros;
Y hay un desordenado paridor de maravillas
de apellido impronunciable y sirio
que siempre leerá de pie
porque tal vez conozca la canción de silvio
y recuerde el peligro de las sillas.
Y un poeta tambaleante
al que le brotan versos gatos
que siempre siempre caen de pie.
No falta un corsario de bordillos
que ha pirateado por los siete charcos
y con las virutas secas de su voz
suele llevar la lista de los locos que se suben a este barco.
Puede que se me escape alguno en el recuento
Es que ellos suelen beber bastante
y por simple empatía me mareo.
Pero mi gloriosa pandilla de tarados
tiene la sana costumbre de volver
con papeles no han dejado de ser árbol
con poemas que aún no se han lijado
y consiguen que el verbo
“Pertenecer”
cada miércoles
me acojone
un poco menos.
Leído el 26 de septiembre de 2007 por Carlos Salem en el Bukowski Club
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Normalmente yo no escribo sobre el bar Bukowski, pero en el 2×1 que realizamos Patty y yo me atreví a escribir este pequeño poema. En concreto, está dedicado a las dos personas que han hecho posible Bukowski Club, como sincero homenaje a ellos dos a Inés y Carlos. orque ambos nos dan mil vueltas a todos los que por allí pasamos.
Solo quedan dos
y están al otro lado de la barra,
sujetos eternamente
por un cigarro
que le construye
pequeñas trincheras
de humo.
Cuéntame otra vez
como eran aquellos
dibujos animados.
Cuéntame otra vez
como conociste aquél culo.
Sólo quedan dos
y arropan pequeños sueños
dolidos en cada garganta
imaginados en las burbujas
de cada cerveza.
Cuéntame de nuevo
como pensaste
aquella novela.
Cuéntame otra vez
por qué vuelves a beber
sabiendo la resaca que te espera.
Solo quedan dos
y empuñan un dedo
como estandarte
de todo lo que piensan.
Cuéntame,
cómo escapaste de historias de mierda,
y te atreves aún a sonreir
y aún te ríes de la miseria,
para que no se te noten
las buenas maneras.
Cuéntame,
quien salvaba al mundo
en tu útimo sueño.
Cuéntame,
que todo lo que ves
al otro lado
no es más que una
parte muy pequeña
de lo que tú ya has vivido.
(Escrito y leído por José Naveiras el 15 de febrero de 2008)
(leído por José Naveiras en Bukowski Club el miércoles 2 de abril de 2008 en el homenaje a Inés y Carlos)
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