Las papeleras de Buk

Pretérito perfecto simple (de UB/Marta/Es mi primera vez)

29 Junio, 2007 · 1 comentario

Me apareces aquí delante,

con tus pocos años,

como en una película americana de niños y fantasmas.

Te conozco,

te conozco del pasado porque he sido tú.

Y tú serás yo cuando crezcas.

Y yo te hablo desde el presente,

porque soy tu futuro.

No puedo por menos que darte consejos de madre

-aunque seamos la misma persona-,

porque me produces

una cierta lástima y ternura

cuando me miras con los ojos oblicuos y húmedos,

que en las fotos tuyas,

en las cuales me recreo,

ocupan todo el espacio.

Y veo algo de sufrimiento.

Y de incertidumbre.

De haber deseado incluso la muerte,

acaso haber sido cualquier otra persona.

Y te miro, y te escribo, y lloro mientras lo hago.

¿Qué quieres ser de mayor?

¿Quieres enamorarte? ¿Cómo será eso?

Escribir un anuncio que lean miles de personas,

conocer películas y libros,

citas literarias, fiestas inmorales, y mucha gente con diferentes vidas.

O ser simplemente guapa, como ansían tantas niñas.

Tan estúpidas y vacías como buenas observadoras sociales.

No te asustes si te digo que se morirá tu padre en primero de carrera,

que te embargarán una casa varios años antes,

que perderás todos tus amigos a los catorce.

Porque para ser infancia, y no vivir en un país desolado,

ni en una chabola de una gran ciudad;

para no haber sido maltratada,

para no haberte faltado la comida,

ni la educación,

ni haber trabajado en una fábrica china

desollándote los primeros años

cosiendo balones de marca;

sí te confieso que tu vida no es gran cosa,

y que te va a parecer una mierda.

Y del mismo modo te hago saber, niña de mis ojos,

que son mis mismos ojos,

y mis mismas manos,

que lo mismo que han crecido esos ojos,

-en dioptrías también-

y esas manos,

también crece el valor.

Y que todo lo que anhelaste se va a cumplir,

porque hay cosas ostensibles de ser mejoradas,

y era difícil que parte de ellas declinara.

Así que dedícate a esperar,

y a ignorar a aquellos que mitifican la infancia,

porque la joven adultez sí que es un mito que merece la pena.

Que algo después de la edad del juicio,

las cosas cambian, y por fin, se vuelven bellas.

Categorías: La papelera

1 respuesta hasta el momento ↓

Dejar un comentario